CHILE: PRÓLOGOS A UNA SEGUNDA VUELTA.

Federico García Morales

"Paris bien vale una misa" (Enrique de Navarra)

Las elecciones presidenciales chilenas se llevaron a efecto el 12 de noviembre y se condujeron dentro de una fuerte polarización entre Ricardo Lagos, candidato de la Concertación gobernante (una alianza entre socialistas y democristianos) y Joaquín Lavín de la Alianza por Chile (conformado por un núcleo de partidos de derecha de extracción pinochetista). Entre ambos se repartieron el 95,5% de los votos prácticamente por mitades, con una diferencia a favor de Lagos de algo más de 30 000 votos.

La candidatura de la izquierda, abanderada por Gladys Marín quedó como tercera fuerza con 200 000 y tantos sufragios.

Para la producción de estos resultados fue necesaria una modificación completa del espectro político del país, tradicionalmente repartido en tercios: un tercio de derechas, un tercio de centro y un tercio de la izquierda. Durante los gobiernos de la Concertación ya se había dado una derivación de un sector de la izquierda hacia el centro, al instalarse la colaboración del partido socialista en un gobierno de tendencias neoliberales, comprometido con un proyecto de transición desde el autoritarismo a la democracia en un plazo indefinido. A su vez, no puede explicarse el ascenso de Lavín sino como resultado del traspaso de una parte importante del centro tradicional, fundamentalmente de la votación que cautivaba la DC. La dramática baja de la votación de Lagos aparece de alguna manera frenada a última hora por la conciencia que llegan a tener sectores de la periferia comunista de que se estaba dando un rápido crecimiento de las posibilidades de la extrema derecha, y procedieron a dar su voto a Lagos. Esto explica en parte la baja captación de la candidata comunista.

En los resultados electorales pesaron también otros factores: 1) el crecimiento de la candidatura derechista en sectores populares a los que atrajo con una propaganda de gran farsa, marketing y despliegue, donde se condujo un discurso que se apropiaba de los deseos de cambio, y en donde el candidato derechista ocultaba constantemente sus orígenes partidarios, sus enlaces empresariales, y tendía un velo sobre sus contactos pinochetistas. El "cambio" que ofrecía era un cambio indefinido, que así y todo le proporcionaba el apoyo del voto de castigo al equipo gobernante, que una amplia franja responsabilizaba de la recesión y de la crisis.

Hay que hacer notar que ese voto de castigo no lo pudo capturar la izquierda , a pesar de que se veía surgir un horizonte social de resistencias, porque su mensaje apareció confuso y moderado en extremo y porque no podía aparecer como dispensadora de posibilidades tangibles. Ya al borde de los comicios, a gente votaba para ganar.

El hecho de que ninguno de los contendientes hubiera alcanzado el 50% + 1 en la primera vuelta, determinó una segunda en donde sólo participarán los candidatos que obtuvieron las primeras mayorías: Lagos y Lavín.

En los días inmediatos parecía esta una contienda entre un sector de derecha que se fingía de centro y otro sector de centro que insistía en continuar enviando mensajes neoliberales. Costaba a muchos distinguir entre ambos proyectos.

El grupo de Lavín afirmaba que en adelante conduciría una campaña sin confrontaciones, mientras el sector de Lagos sostenía una postura igualmente blanda. En la izquierda se adujo que ambas candidaturas "eran lo mismo" y también se declaró que no se apoyaría a nadie que sostuviera un programa neoliberal. Véase: "La propuesta de la izquierda para parar a Lavín"

http://www.elsiglo.cl/962/01.htm

Una propuesta que no explicaba como podía pararse a Lavin votando blanco o nulo, y que no parecía distinguir todavía las diferencias de Lagos con un gobierno de extrema derecha, y sobre todo las diferencias que esto podría tener para la clase trabajadora.

Algo más radical todavía, al menos verbalmente, fue la postura del candidato humanista Tomás Hirsch, que llegó a declarar que sus votos no serían ni para la traición ni para los asesinos.

En el fondo, se daba una lucha denodada por capturar o dar sentido a dos votaciones que deberán concurrir definiendo las cosas en la segunda vuelta: los que se abstuvieron, votaron nulo o votaron blanco, y la votación efectiva y dura de la izquierda. Los primeros totalizan algo más de un millón de votos, los últimos, unos 200.000. Y hay que volver a recordar que la diferencia entre Lagos y Lavín es de sólo 30 mil.

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Para la primera franja, la estrategia derechista se maneja simplemente en la intensificación del programa de engaños en que estaba embarcada y que ya le ha dado resultados. Ahora ve también el súbito atractivo que tiene sobre parte importante de la periferia DC e intenta entrar a roer su centro.

En la franja de izquierda, sobre todo después de la Asamblea de la Izquierda en donde los sectores vinculados a Gladys Marín llegaron a una resolución final respecto a su posición, han pesado los años del Gobierno de la Concertación, que han sido el escenario de la más profunda bancarrota del socialismo chileno, pero también la decisión de no permitir el retorno de la derecha. Criterios estético-éticos impulsaban a abandonarse a una posición purista; criterios políticos e históricos definían la necesidad de empujar la creación de un amplio frente anti-neoliberal. Pesó también un recuerdo: la fatal decisión de los comunistas que en los años treinta tildaron de social-fascistas a los socialdemócratas, no condujeron una adecuada política de clase, y permitieron así el triunfo de Hitler.

El hecho es que la izquierda va a apoyar a Lagos en la segunda vuelta. Algunos han dicho que le dan su apoyo "incondicionalmente", pero la mayoría le da un voto razonado. Primero, porque la izquierda quiere seguir siendo izquierda—y no van a esta elección para seguirle mansamente las aguas a las propuestas clasemedieras de la DC. Ya, durante la primera vuelta, la izquierda levantó un programa, y a lo largo de la campaña y hasta en su mismo desenlace, logró definir algunos propósitos colectivos para el futuro inmediato, por ejemplo: la necesidad de ir hacia una Asamblea Constituyente para reformar la hasta ahora inamovible constitución pinochetista, ampliar los derechos democráticos y refundar una legislación laboral en donde se establezcan los derechos de los trabajadores. También la izquierda chilena ha llegado a comprender que una economía dominada por los holdings nacionales y extranjeros poco da al desarrollo social y económico del país y de sus mayorías.

Lagos ha comenzado a recibir, entonces el apoyo decisivo y encendido de un movimiento con propuestas claras, que no dejará de atraer el concurso de los sectores que hoy se muestran descontentos frente a la crisis, la recesión y el desempleo.

A dos semanas de la elección, ya recibía el apoyo de la Central de Trabajadores del Cobre, que lo apoyan por tener una postura contraria a la privatización de Codelco. Y luego ha recibido el apoyo de la propia Central Única de Trabajadores, porque ésta confía en que Lagos abrirá el debate a favor de una nueva legislación laboral.

De alguna manera, la izquierda llega sola en apoyo de la candidatura de la Concertación. En ésta los llamados se han dirigido más que nada hacia su propia estructura interna, remecida por el crecimiento derechista. La expresión política de la Concertación pareció tras la primera vuelta enormemente preocupada por el destino de la votación DC, lo que originó cambios en la jefatura de la campaña, a donde accede la Sra. Soledad Alvear, que había tenido un buen desempeño como ministra de Justicia y que de inmediato reveló un modo de hacer campaña " de clase media", dejando de lado los temas contenciosos (con esto se alude al aborto y al divorcio) y tratando de reinstalar la campaña en la justificación de los logros de la Concertación (un tema que como se sabe, en si atrae al escepticismo). Se han buscado estilos nuevos de trabajo (la visita casa por casa) y en la franja televisiva, desde donde el psicologismo invade la campaña laguista.

Un movimiento estratégico éste, que da por supuesto que la izquierda necesariamente y sin condiciones ya le entregó y deberá entregarle su preferencia a Lagos, por temor al ascenso de la derecha extrema. Sin embargo este temor se muestra también en esta intimidad, pero como temor de perder a indiferentes, pero sobre todo al resto de la periferia DC. Hay en esto también quienes creen adelantarse a los hechos, que ya piensan controlados por la derecha, y proyectan un escenario en donde su candidato, de resultar elegido, se verá compelido a gobernar con un Congreso de derechas, y todavía inmerso en las políticas mundiales del "nuevo orden".

Pero el desarrollo de una conciencia política de izquierdas va poco a poco tomando el campo, conquistando el día. E imperceptiblemente, la candidatura de Lagos para grandes capas de la opinión ha dejado de ser simplemente otra candidatura del sistema. Ni siquiera como la candidatura de la Concertación. La Concertación fue durante esta última década la administradora de una orientación económica y neoliberal que subsistió en un amasiato con la derecha. Pero ahora no tiene destino político sino como masa en maniobras frente a la gran derecha económica, y su nombre cambia para ser un frente de centro-izquierdas. Y no por la presencia de los "renovados" ni de los "incondicionales", sino porque inevitablemente, a menos que busque su propio suicidio político, Lagos se ve en la necesidad de hacer un corte entre el planteamiento de la vieja Concertación y lo que le espera en adelante, en donde su propio programa inicial lo conduce a una nueva fase que se marca por el advenimiento de profundas reformas políticas y sociales. Una fase en donde también deberá despuntar algún tipo de regulación al capitalismo salvaje que hasta ahora impera en este país. La historia no se detiene el 16 de enero.

Pero mientras tanto, y como para ilustrar qué clase de país es éste, y qué clase de economía y de concentración se ampara en la candidatura Lavín, nos llega la noticia de que en estos mismos días, en que algunos dicen que se deben abandonar los temas confrontacionistas... el grupo Angelini (pesca, forestales,etc,etc.) tomó el control de Copec (Compañía de Petróleos de Chile), que hasta ahora compartía con el grupo neozelandés Carter Holt Harvey (CHH), en una operación en la que Angelini invirtió 1233 millones de dólares.

Con lo que se quiere decir: Chile pertenece a muy pocos, y es hora que eso termine. Chile es un territorio devastado por la avaricia y la codicia de corporaciones extranjeras y "nacionales", y es hora que eso termine. Chile es el escenario de la más brutal alteración y destrucción ecológica, para beneficio de unas pocas empresas, y es hora de que eso termine. Chile sigue siendo el lugar donde los generales aplastaron la esperanza, y es hora de que eso termine. Esto obviamente genera rechazos, y como se han ido desarrollando las cosas, de los resultados de esta elección inevitablemente surgirá un frente que por mucho tiempo será un faro para las movilizaciones del continente.

Chile tiene una particular importancia en América Latina: es allí en donde, fundado en la represión brutal echó bases el neoliberalismo que luego se expandió por todo el continente. Crear un nuevo modelo de desarrollo, sobre la movilización de las fuerzas democráticas y socialistas, con capacidad para enfrentar al corporativismo gerencial ansioso y malherido es una tarea que este pueblo puede cumplir con honor.

El pensamiento de las derechas llega a este proceso electoral intentando desdibujar la estructuración clasista de la sociedad chilena, y en eso funda sus esperanzas de "éxito". De ahí el candidato-payaso, las batucadas, la no confrontación, la pintura de la sociedad chilena como sociedad de "ascensos y oportunidades", que oculta la desigualdad y el verdadero destino de la clase trabajadora.

En Chile está en juego la línea que seguirá una economía fundada en las más profundas diferencias en el ingreso, en la injusticia, en la superexplotación y en la entrega brutal de los recursos y del futuro del país. Donde imperan sistemas de educación y de salud pensados como negocios. Está en juego el desarrollo social, que hasta ahora se ha fundado en el triunfo de las diferencias y en el sustento del despotismo patronal y oligáquico. Políticamente está en juego el vasto problema del ciudadano que hasta ahora no concurre a las decisiones, y el tremendo tema de una normatividad excluyente, hecha para realzar la operación despótica y la ganancia de la elite eterna. En esta situación no se puede decir que votar por Lavín es "votar por el cambio", sin darse de topes con la lógica y con la historia. En el más amplio sentido, Lavín y su comité de campaña no son más que engendros de Pinochet y su proyecto no se puede disociar de la explotación del pueblo chileno.

Los omnipresentes y siempre sabios asesores electorales surgidos del marketing, y sus adláteres de la "politología" que todo lo justifican, no han cesado de repetir en estos días a quien quiera escucharlos desde la izquierda, que ya los dados están echados. Que es muy difícil descubrir "las razones psicológicas" que han empujado a muchos chilenos, fundamentalmente a capas jóvenes a la abstención, al escepticismo, a la rebelión con voto nulo o blanco. Los manipuladores electorales centristas no quieren asomarse en la realidad conflictiva, no quieren pensar que en estas elecciones nos encontramos con un momento salvaje de la lucha de clases, en donde cada cual, simples votantes, manipuladores y candidatos van hacia el descubrimiento de sus intereses. En donde vienen a ser temas de conflicto soterrados: la continuidad de la expansión corporativa, el éxito en sus negocios; mientras en otros espacios duelen los altos precios de la educación, la depreciación de la fuerza de trabajo, los constantes endeudamientos, la cesantía, la destrucción de la seguridad social, la explotación de la mujer y del niño. Todos esos aspectos que la izquierda tuvo la sensibilidad de establecer en su programa. Un programa que no queda derogado por los eventos recientes de la lucha electoral.

El posible derrumbe de la derecha en estas elecciones cruciales, traerá inevitablemente aparejada la destrucción de sus ensoñaciones populistas, porque un gobierno que efectivamente se decida a poner fin a "la transición" desde la izquierda puede ser capaz de construir un espacio democrático en donde no habrá grandes avenidas para el fascismo. Esta no es una situación clara: se da entre vacilaciones, convulsiones, confrontaciones en la neblina. Esta campaña va a encontrar días decisivos en donde se hará valer la apuesta política y educadora frente a la disputa por el voto inconsciente, engañado e indigno que sólo puede contribuir a la reproducción del modelo y de un Chile conservador y sometido.

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Sitios sobre la Segunda Vuelta en Chile:

 

El Programa de Ricardo Lagos:

http://www.lagos.cl/

Partido Socialista

http://www.pschile.cl/

PPD

http://www.ppd.cl/

 

La candidatura de Joaquín Lavín

http://www.joaquinlavin.cl/index2.htm

Lavín y Pinochet:El hijo pródigo

http://www.quepasa.cl/revista/1437/17.html

Declaraciones de Longueira en torno a "la nueva Derecha".

http://www-clarin.com.ar/diario/99-12-17/i-04601d.htm

 

Posición del PC

http://www.elsiglo.cl/

El escenario político después de la segunda vuelta

http://www.elsiglo.cl/962/03.htm

 

La postura del Partido Humanista

http://www.partidohumanista.cl/documentos/nuestra_decisión_de_voto_en_la_2.htm

Otros sitios sobre Chile:

Algunas reflexiones sobre la situación chilena

http://www.elchileno.cl/Reportajes/DetallesNoticias/detalles.cfm?nid=142

Inversión extranjera en Chile: Contra viento y marea

http://www.segegob.cl/secc/dpi/rev3-99/economia.html

La incógnita electoral

http://puntofinal.cl/991210/edit.html

Los errores de la Concertación

http://proxy-mail.mailcity.lycos.com/bin/redirector.cgi?http://www2.telepolis.com/cgi-bin/Reubica?id=81025

 

 

Elección Presidencial: Resultados oficiales

http://www.elecciones.gov.cl/resultados/index.html

Diarios:

El Siglo

http://www.elsiglo.cl/

La Hora

http://www.lahora.cl/

La Tercera

http://www.latercera.cl/

El Mercurio

http://www.elmercurio.cl/

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