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Revista Mensual de Economía, Sociedad y Cultura - ISSN 1605-5519 -


JULIO 2014

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Del fin del comienzo al comienzo del fin. Capitalismo, violencia y decadencia sistémica

Jorge Beinstein

De Libia a Venezuela pasando por Siria y México, Ucrania, Afganistan o Irak... en lo que va de la década actual hemos presenciado el despliegue planetario permanente de la violencia directa o indirecta (tercerizada) de los Estados Unidos y sus socios-vasallos de la OTAN, toda la periferia se ha convertido en su mega objetivo militar. La ola agresiva no se aquieta, en algunos casos se combina con presiones y negociaciones pero la experiencia nos indica que el Imperio no agrede para posicionarse mejor en futuras negociaciones sino que negocia, presiona con el fin de lograr mejores condiciones para la agresión.

Estas intervenciones cuando son “exitosas” como en Libia o Irak no concluyen con la instauración de regímenes coloniales “pacificados”, controlados por estructuras estables, como ocurría en las viejas conquistas periféricas de Occidente, sino con espacios caóticos atravesados por guerras internas. Se trata de la emergencia inducida de sociedades-en-disolución, de la configuración de desastres sociales como forma concreta de sometimiento lo que plantea la duda acerca de si nos encontramos ante una diabólica planificación racional que pretende “gobernar el caos”, sumergir a las poblaciones en una suerte de indefensión absoluta convirtiéndolas en no-sociedades para así saquear sus recursos naturales y/o anular enemigos o competidores... o bien se trata de un resultado no necesariamente buscado por los agresores, expresión de su fracaso como amos coloniales, de su alta capacidad destructiva asociada a su incapacidad para instaurar un orden colonial (“incapacidad” derivada de su decadencia económica, cultural, institucional, militar). Probablemente nos encontremos ante la combinación de ambas situaciones.

También es posible suponer que el Imperio en su decadencia se encuentra prisionero de una maraña de intereses políticos, financieros, mafiosos... conformando una dinámica audestructiva imparable que lo obliga a desplegar operaciones irracionales si observamos al fenómeno desde una cierta distancia histórica, pero completamente racionales si reducimos la observación al espacio de la razón instrumental directa de los conspiradores, a su micromundo psicológico (la razón de la locura como razón de estado o astucia mafiosa imponiéndose a la racionalidad en su sentido más amplio, superior).

Aunque esos desastres no representan necesariamente acciones de verdugos despiadados destruyendo paraísos periféricos, el capitalismo es una totalidad global y lo que aparece como la decadencia del centro imperial es la manifestación decisiva pero parcial de un fenómeno planetario que incluye a la periferia atrapada por la sobredeterminación burguesa universal (decadente) de sus sociedades. La operación de destrucción de Libia lanzando sobre su territorio oleadas de mercenarios y bombardeos pudo triunfar aprovechando la degradación del régimen kadafista, el golpe neonazi de Febrero de 2014 en Ucrania capturó al gobierno de una “república” resultado del desastre soviético que la había sumergido en una gigantesca podredumbre sucedido por la instauración de un capitalismo mafioso, la desestabilización de Venezuela orquestada por los Estados Unidos se apoya en sectores de las clases medias conducidos por la vieja burguesía local que no fue eliminada después de quince años de “revolución” (“bolivariana”, autoproclamada “socialista”) eternamente a medio camino... esas élites no fueron barridas del escenario aunque si irritadas, enfurecidas por el ascenso social de las clases bajas.

Todo esto nos conduce a la necesidad de establecer el momento de la historia del capitalismo en que nos encontramos. ¿Se trata del burdel sangriento global preludio de una nueva acumulación primitiva cuna de un futuro suopercapitalismo o de los manotazos finales, desesperados de una civilización que ha entrado en el ocaso?.

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