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Junio 2012

Venezuela. Entrevista a Modesto Emilio Guerrero:
¿Para dónde va la Revolución Bolivariana?

Meriem Choukroun
Argenpress

El azar y la necesidad parecen el síntoma frenético del momento político venezolano, dada la enfermedad del presidente Hugo Chávez, "jefe nacional, árbitro de casi todo lo que ocurre en la vida política" y la especulación, tanto chavista como de la derecha, sobre su salud. Y claro está, las próximas elecciones presidenciales para el período 2013-2019 que se llevarán a cabo en octubre. Desde el dominio de su trabajo como escritor, analista internacional, periodista y un largo compromiso de militante político-sindical, el venezolano Modesto Emilio Guerrero nos ofrece un panorama de la actualidad de su país. Con más de una decena de libros publicados donde se destaca Quién inventó a Chávez, de gran suceso editorial, Mercosur, Origen, Evolución, Perspectiva, Medios y Poder en Venezuela, o 12 Dilemas de la Revolución Bolivariana, premiado en 2011, Guerrero nos promete una charla inquietante en esta entrevista.

Pregunta: ¿Cómo está la situación política de Venezuela?

Modesto Guerrero: Podríamos definirla de manera tentativa bajo dos palabras que se contradicen: estabilidad e incertidumbre. Llevadas a su máxima expresión, se anularían. Sin embargo, esa es la tendencia más general de lo que solemos llamar "situación política". Veamos lo económico. El gobierno cuenta con una "caja" petrolera enorme que le permite financiar planes de infraestructura como vivienda, ferrocarriles, hidroeléctricas y otras fuentes de energía. Fíjate tú que la construcción creció al 29%, algo sorprendente. El 17 de mayo se entregó la casa número 200 mil, con un detalle, cada casa está equipada con muebles y "línea blanca". Luego está el plan de siembra conocido como Misión Agro Venezuela que ha distribuido más de 2.000 millones de dólares para desarrollar proyectos agroalimentarios rurales y urbanos, aunque el resultado sigue siendo pobre en este rubro.

El PBI salió del subsuelo estadístico en 2010, pisó la superficie en 2011 y como es el estilo de los PBI en países petroleros, saltó de menos cero a 5,6% en menos de dos años. La gente está consumiendo como pocas veces. De algo así solo recordamos los años de 1973 a 1978. Los salarios aumentaron 9 veces en 10 años, el último aumento al sector privado, el 1º de mayo pasado, fue de 32%. La demanda de carros supera en vez y media la oferta sumada de carros ensamblados internos e importados. Esos signos son de estabilidad, no de crisis. Como otras veces, la economía nacional marcha a contra corriente de Latinoamérica. Estabilidad económica y estabilidad social.

P.: ¿Pasa lo mismo en el terreno político?

M. G.: Ahí es donde aparecen las complejidades, pero hay que verlo con cautela. No hay que confundir la necesidad y los deseos de la burguesía opositora, con la realidad. Entre una cosa y otra, media la relación de fuerzas, y ella está del lado del chavismo y la izquierda. No solo en lo social y económico, también en lo electoral a pesar del deterioro serio del voto chavista desde 2007. De las 9 encuestadoras 8 dan ganador a Chávez con un margen de 19 a 29 puntos. El chavismo es un movimiento muy grande y arraigado. Por mucho que pierda, no es suficiente para ser derrotado en este momento. Un dato interesante es que el régimen surgido del triunfo revolucionario del 13 de abril de 2002 entró en crisis en 2010 y logra sobrevivir, en buena medida por la enorme caja petrolera y el carisma sobre determinante del Líder bolivariano. A finales de 2010 la molestia popular fue tan grande que no daban suficientes votos para continuar en el poder. Por suerte las elecciones fueron legislativas, no presidenciales.

Por supuesto que hay planes conspirativos, pero éstos no son lo más probable. Lamento no coincidir con la mayoría de los analistas latinoamericanos de izquierda y con cuadros políticos muy respetados del chavismo, que ven invasiones, golpes y asonadas violentísimas en Venezuela. Ganas no les faltan a los enemigos, pero no es lo más probable en las actuales condiciones. Creo que analizan con una visión externa a las entrañas de la vida social, a los estados de conciencia, se basan en métodos conspirativistas, impresionistas. Si la OEA o el Congreso yanqui votan algo contra Venezuela convierten eso en una conspiración irremisible. No veo a los capitalistas apostando a un derrocamiento violento del chavismo, con tasas de ganancias tan altas, créditos bancarios tan jugosos, créditos estatales tan amplios y baratos.

Mira tú, el crecimiento de la inversión externa fue del 339% en el último año. Las derrotas en el norte de África no son suficientes. La Cumbre de Cartagena mostró a un Washington más cauteloso por su pérdida de espacio en el continente. ¿Cuáles son las condiciones nacionales e internacionales para una perspectiva como esa? Yo no la veo. El centro de la burguesía venezolana (Polar, Cisneros y otros) apuestan a otra cosa. Igual que los yanquis y la burguesía latinoamericana. Aunque conspiren, lo que predomina es la apuesta a desplazar a Chávez por elecciones y otras vías institucionales. Esa es su apuesta actual, lo que no niega la posibilidad de algunos tiritos. Este tablero saltaría en pedazos si el camarada Chávez feneciera o quedara inhabilitado físicamente. O si aparece un accidente, como atentados de algún grupo suelto de la derecha. Allí se abriría otro escenario completamente opuesto, imprevisible, abierto en todo.

P.: Hablando de elecciones, el personalismo gubernamental lleva a una angustia a la hora de votar ¿verdad? ¿Hay alternativas populares?

M.G.: El personalismo presidencial es en sí mismo un estado estructural de angustia colectiva. Chávez emergió como una proyección mediúmnica de una gigantesca angustia social en 1992. Parafraseando una expresión inteligente de Freud, la excesiva centralidad de Chávez es "un síntoma de la enfermedad" social, de la debilidad nacional. El individualismo burgués, el caudillismo o el "hiper liderazgo", como dijo Juan Carlos Monedero, es una manifestación de la jerarquización social del capital. Chávez es su expresión, no su creador. El gobierno venezolano no es burgués, pero el Estado que administra si lo es, por eso el primero termina sometido a los códigos y leyes del segundo, representándolo. Allí nace su dualidad de conducta política.

Es un fenómeno del siglo XX inadvertido por el marxismo. Chávez fue y es muy útil a las masas como el instrumento histórico para salir del marasmo de 1992, pero él no se superó a sí mismo, ni fue superado por un régimen político más colectivo, más democrático, regulado por los movimientos. El estatismo avanza sobre el poder popular, no al revés. Allí comenzó a ser una mediación de carácter dual, muy contradictoria. Avanza y retrocede con más pragmatismo que programa histórico. Esa es la dificultad del socialismo que propagandiza. Siendo sincero en su discurso, no es suficiente para construir una sociedad socialista. Entonces las transición va hacia adelante en algunas cosas y hacia atrás en muchas otras.

P.: ¿Para dónde irá el proceso actual?

M.G.: Para una respuesta rigurosa a esta pregunta primero hay que despejar la duda sobre la enfermedad presidencial, o sobre el rol presidencial. La otra duda está en el riego cierto de que el gobierno pierda la mayoría de las gobernaciones y alcaldías. Son dos vórtices de la relación de fuerzas en la coyuntura. La mayor parte de la gestión es malísima. Sorprende ver gobiernos locales ricos incapaces de recoger la basura domiciliaria. El fenómeno es que esa molestia social es bastante independiente de la prueba presidencial de octubre. A nadie en su sano juicio le cabe duda que gana Chávez. Ya la derecha lo tiene asumido, aunque no lo pueda decir. Eleazar Díaz Rangel cita este domingo 20 de mayo, un informe del Bank of America Merryl Linch, que reconoce en forma indirecta el inevitable triunfo de Chávez en octubre. Es un dato clave.

Ellos se preparan, en lo inmediato, para negociar con el gobierno, no para darle un golpe. Claro, la realidad es más compleja, multideterminada, que las estadísticas electorales, pero si buscamos respuesta a la coyuntura, octubre es una señal muy fuerte. No estoy tan seguro que el amplio y público malestar en la base chavista por la mala gestión local, la corrupción o el burocratismo, la inseguridad y la alta inflación, sea suficiente para que la masa tire 13 años de avances por la borda. La gente vota con racionalidad comparativa, casi "oportunista". Y creo que hace bien.

Otra cosa es si eso sirve para sostener el proyecto bolivariano a largo plazo. Creo que no. Me parece que se está conformando un "voto conservador de izquierda", algo así como "mejor malo conocido que Capriles por conocer". Es conservador, pero conserva algo mejor que la oferta de Capriles Radonski, que sería un retroceso insoportable. Es una hipótesis sobre un tipo de voto muy contradictorio, progresivo para conservar lo conquistado, pero regresivo porque se conformará con lo que existe, sabiendo que no ha luchado y sacrificado tanto en 13 años, para conformarse con un régimen controlado por "boliburgueses" y arribistas, donde los movimientos sociales les sirven como decorado de izquierda.

P.: ¿Qué pasaría con la revolución si no estuviese Chávez, teniendo en cuenta su centralismo?

M.G.: Todo el sistema institucional venezolano se construyó desde hace 13 años alrededor de un solo jefe nacional, árbitro de casi todo lo que ocurre en la vida política. Esto le sirvió para muchas cosas, pero terminó volteándose en su contra. Si él no está en el centro, el sistema entra en total crisis. Los efectos serían superiores a los del 11 de abril de 2002. Esa es la discusión actual. La derecha expresa su deseo de ver a Hugo Chávez bajo tierra lo más pronto. Una suma de ingenuidad histórica y desesperación de clase. Ellos no soportan un día más en el centro del poder, a un personaje que no es suyo, y que hace cosas "horribles" como nacionalizar, regular precios, subir salarios, decretar una Ley laboral muy avanzada en lo social, aunque estatista, y sobre todo, rechazan las expropiaciones, (aunque hayan pagado muy buenas e indebidas, indemnizaciones), y el control obrero, el poder campesino, las milicias.

El chavismo y sus alrededores también deliberan y se prepara para la misma eventualidad que la derecha, por supuesto con otra actitud moral y con objetivos distintos. Entre una y otra postura, median las masas trabajadoras. El pueblo trabajador no está determinando nada en estos momentos, no es protagonista en este debate nacional, se limita a lo sentimental y anímico. Sobre toda la sociedad venezolana sombrea el riesgo de que Chávez desaparezca involuntariamente del centro del poder. De la resolución de ese intríngulis dependerá el camino del proceso actual.

P.: ¿Cómo se reacomoda entonces el chavismo?

M.G.: Frente a esa probabilidad, se reacomoda por lo menos de tres maneras. Está la opción bonapartista-militar, que opta por Diosdado Cabello (Jefe del Congreso y ex Coronel con peso interno en el Ejército). Eso tiene un adelanto de algunos años en la "militarización" de cargos fundamentales. Las comillas quieren decir que acá no hay ocupación militar ni represión a lo Cono sur, solo me refiero a una toma de posición institucional por parte del "partido militar".

Hace unos meses se hizo una encuesta entre cuadros del PSUV y resultaron cinco nombres: ninguno era militar. Desde entonces vemos a Diosdado en el centro de la escena. Es un síntoma. Luego existe otra opción que se prepara para un recambio más colegiado desde del PSUV; allí se habla de posibles figuras de reemplazo: Maduro, Jaua, Giordani, otros, pero también apareció en Consejo de Estado, que puede ser una gran mediación entre estas opciones. Existe una tercera opción que apuesta a un gobierno de coalición con un sector de la burguesía. Ésta se percibe como minoritaria, pero cuenta con figuras de mucha autoridad histórica como José Vicente Rangel. Y una cuarta opción, de tipo revolucionaria, surgida desde los movimientos sociales y políticos del chavismo radical. Esta última es más reciente y más débil en lo político, pero existe.

Sólo Nicolás Maduro es visto como alguien con brillo propio en parte de la base; aunque su luz sea como la de una estrella muy lejana en una galaxia cuyo único sol es Chávez. Esto puede modificarse en forma abrupta, sólo quiero señalar las tendencias. Dicho esto, hagamos una distinción. En estricto sentido, en Venezuela no estamos en presencia de una revolución. Si la hubiera, la discusión sobre la figura presidencial sería otra, la centralidad del movimiento obrero o social sería otro, como suele ser cuando hay revoluciones. Una prueba de esto lo vivimos en 2002. Las acciones revolucionarias del 12, 13 y 14 de abril decidieron las escenas y sus personajes, así como el curso de todo del proceso político.

En Venezuela vivimos un profundo y complejo proceso político con aspectos y transformaciones cualitativas, algunas sorprenden por sus desarrollos. Los sectarios no han comprendido nada acá, y los oportunistas se enamoraron más de la cuenta y deforman sus potencialidades para recibir prebendas de la renta petrolera y publicar revistas en el exterior. Pero de conjunto no hay una revolución social. Hubo actos y momentos revolucionarios como los de abril 2002, febrero 2003, febrero y agosto de 2004. Transformaciones maravillosas en salud, educación, la vida campesina, parte de la vida obrera y los barrios pobres, ahora la vivienda. Pero esas realidades no han cambiado el conjunto en forma suficientemente radical, para que sea una revolución. La "revolución bolivariana" es el nombre popular, periodístico, de ese creativo y complejo proceso de transformaciones, el más avanzado vivido en Latinoamérica en la última década.

P.: Como para complejizar un poco más, ¿qué pasaría si Chávez no gana las elecciones?

M.G.: Si Chávez no ganara las elecciones podríamos ver reacciones defensivas muy importantes de la militancia chavista de base y de movimientos de vanguardia, para defender sus conquistas sociales en el campo y la vida urbana. Esa capacidad política es la gran conquista, aunque no se convierta todavía en una opción política nacional, se limita a la acción. Podríamos presenciar una salida "sandinista" a la situación, o sea, alguna crisis institucional momentánea, pero sobre la base de un pacto de estabilidad institucional de conjunto.

Por ahora ésta es una "hipótesis negada", como dicen los abogados: nada indica que Chávez pierda el 7 de octubre. La reacción violenta podría venir de la derecha, aunque no les alcance para modificar la relación de fuerzas. Los análisis conspirativistas se basan en un hecho cierto: en Venezuela el odio de clase no tiene solución institucional a largo plazo. En esa perspectiva el dilema es profundizar el aspecto revolucionario del proceso, o retroceder feo. Ese dilema es de hoy, de mañana, y no se detiene el 7 de octubre. Chávez ganará con una montaña de votos, pero debajo habrá una crisis irresoluble en términos institucionales.

P.: Hoy día se habla poco y nada del socialismo del siglo XXI. ¿Por qué?

M.G.: Si nos guiamos por las declaraciones del presidente, en realidad él sigue hablando de socialismo. Es posible que no sea tan sistemático como antes. La base chavista y sus cuadros hablan todos los días de socialismo. Acá cientos de miles de venezolanos comunes luchan por el socialismo. Mi preocupación no es por el uso masivo de la palabra, sino por lo que se está sembrando en su nombre. Es un mérito de Hugo Chávez poner de moda y masificar el uso del socialismo como opción de vida. Pero se puede repetir la historia por su lado feo, o sea, reducir socialismo a Estado y economía nacionalizada, como fue en Europa del este, China, Cuba o en los socialismos panarábicos.

Lo maravilloso que ha sido la instalación de esa palabra-concepto en millones de venezolanos está mutando en una perversión: cualquier cosa es bautizada bajo esa palabra. En Venezuela, lo bueno contiene un riesgo. Socialismo es un modo de vida social, no un tipo de economía o un tipo de Estado. No puede haber socialismo y revolución cuando aumentó la tasa de explotación obrera y la economía privada, la banca y el comercio importador crecen más que la economía estatal, la agroproducción y la de control obrero. Algo no está bien.

Lo bueno, al revés de los países citados, es que en Venezuela esto se discute abiertamente. Un libro premiado por el Estado plantea este serio problema. Para mí esta cuestión se resolverá en los hechos. Si hay una profundización revolucionaria nos habremos ahorrado un farragoso camino, el punto de partida en la cabeza de la gente será el socialismo. Aquí, excepto la burguesía y parte de la clase media, nadie le teme al socialismo. En cinco encuestas, a casi 40% de la población le gustaría el socialismo para Venezuela. Eso es mucho en el contexto mundial después del Muro.

P.: El PSUV tiene métodos poco socialistas, poco democráticos. ¿Qué pasa con esta estructura? El ALBA no ha crecido todo lo que se esperaba. ¿Qué alternativas se ven al respecto?

M.G.: El PSUV pudo ser una maravilla en América Latina, pero terminó convertido en una maquinaria electoral, que además no es tan efectiva como otras que hemos conocido, es bastante ineficaz técnicamente hablando. Su burocratización estaba en los genes que le dieron nacimiento en 2007. Se convirtió en una mímesis del Estado que gerencia. Como decimos en Venezuela, se "adequizó", en referencia a Acción Democrática, el aniquilado partido nacional burgués nacido en los años 40 junto con el peronismo y otros movimientos nacionalistas.

La militancia chavista más activa y luchadora, la más honesta del país, no se referencia en el PSUV. Tampoco los poderosos movimientos sociales venezolanos, en el campo, los barrios pobres, en menor grado en las fábricas. En muchos casos lo enfrentan. Eso no impide que todos voten por el PSUV en las elecciones. Es una dualidad, que se supone transitoria, cuya resolución solo podrá verse en otro gran acontecimiento donde el PSUV sea superado.

En los últimos 3 ó 4 años se han intentado por los menos cuatro intentos sanos de ofrecer una alternativa a la izquierda del PSUV. Todos fracasaron. Por ahora la gente no entiende ese cambio tan abrupto. Hay una falencia crónica en la vanguardia izquierdista de mi país, poca tradición, poca sistematización teórica, eso frena las enormes posibilidades que tienen en sus manos. Son fuertes en lo social y débiles en lo político. No se asumen opción histórica. El Estado pesa mucho y los coopta con bastante facilidad.

P.: La nueva ley orgánica del trabajo ¿puede ser una de las razones para un intento de golpe antes de las elecciones del 7 de octubre?

M.G.: No conozco señales de la realidad que indiquen un intento de golpe antes del 7 de octubre. La burguesía odia la LOTTT como odiará todo lo que tienda a reducirle su control de la plusvalía. Esta Ley es maravillosa en avances sociales, aunque está preñada de la perversión estatista.

P.: ¿En qué medida perjudica la enfermedad de Chávez desde lo real y desde lo especulativo?

M.G.: Hay dos tipos de especulación: la que hace la derecha y la del chavismo. Creo que el gobierno se equivoca al ocultar el riesgo real del cáncer, pues el enemigo usa el vacío informativo para especular y embasurar con las cosas más horrendas de la especie humana. Lo que hicieron con Evita Perón en 1953 queda pálido.

El sitio www.S.O.S.Chavez es un derrame de odio de clase, étnico, moral, etc. Pero se ha producido una curiosísima paradoja. La propia burguesía está creando a un Presidente inmortal. Mientras más anuncian su muerte, más vuelve Chávez de La Habana como un toro de lidia. El riesgo existe, pero quiero retratar la disociación psicótica de la oposición burguesa venezolana. Es una clase en serios problemas.

P.: ¿Cómo fue tu evolución desde los contenidos periodísticos que publicaste sobre la gestión actual?

M.G.: Yo soy de la generación que preparó desde la militancia los aspectos revolucionarios del proceso bolivariano actual. No sabíamos que se llamaría bolivariano, pero el nombre es secundario, además, el ejemplo radical de Bolívar es bueno. Comencé por estudiar el fenómeno chavista a la luz de dos factores, la experiencia histórica de la lucha por la revolución social, que incluye al nacionalismo tercermundista, y por el fenómeno mismo tal como se manifestaba desde el 4 de febrero de 1992. En diciembre de ese año publiqué en Venezuela, con el matemático y militante Fernando Sánchez, un folleto de aproximación desde el PST-La Chispa.

Desde Argentina mi nuevo acercamiento serio comenzó en abril de 2002. Desde entonces lo sigo a diario y en profundidad. He escrito centenares de artículos y dado otros centenares de charlas, he escrito tres libros para pensar el asunto. La biografía es mucho más que una biografía. Pedro Brieger hizo una correcta definición de ese trabajo, que este año lo publica una editorial del Estado venezolano, a pesar de su carácter crítico, una muestra de la democracia que predomina en la revolución bolivariana y de la dualidad de la que hablo. Yo escribo sobre el chavismo desde adentro y sin pre-juicios. No dependo de él. Mi programa es la revolución socialista, la revolución bolivariana es un punto de partida.

Como es natural, he aprendido mucho escribiendo sobre él, es un gran campo de experimentación militante. Eso no lo entienden quienes llevan una "revolución de bolsillo" en sus camisas, como diría Ricardo Napurí. Lo mejor de la generación anterior y de la presente está fuera de los comandos políticos del gobierno. La mayoría de las jefaturas actuales son extrañas a un programa socialista, y como dijo alguien que dirigió revoluciones, no se puede hacer el socialismo con las herramientas del capitalismo.

P.: ¿Hay ausencia de un polo anticapitalista o revolucionario?

M.G.: Sí, sufrimos de la ausencia de un polo revolucionario internacional y local. Éste es el aspecto más dramático de la actual situación internacional. Europa es una muestra terrible de esto. La gente vota entre "izquierda" y "derecha", casi como si fueran sinónimos. Claro que es un aprendizaje y uno apuesta a eso, pero hay una pérdida de más de medio siglo de acumulación, por lo menos tres generaciones mal educadas por el estalinismo, la socialdemocracia y los nacionalismos.

Cuando mejor es la situación objetiva, peor está la subjetiva. Parafraseando a Hegel diríamos que el espíritu subjetivo tiene graves problemas para objetivarse. Esas tres gangrenas lo paralizaron ideológicamente por tres generaciones. De todas maneras, la realidad sigue ofreciendo oportunidades de recreación de una generación de revolucionarios. Esa es la apuesta en la movilizada Europa, en Argentina, Bolivia o Venezuela. Las desigualdades sólo hablan de los ritmos y los límites, no niegan la posibilidad.

Hace pocas semanas se conformó en Caracas una opción política de una parte de la vanguardia más de izquierda. Son parte de los mejores dirigentes sociales, que se quieren preparar para escenarios imprevistos. Ése es un gran paso adelante. Pero la vanguardia venezolana es frágil, inestable y la mayoría sigue apostando a lo que Mészáros llama "atajos" inconducentes. Como ves, está casi todo en marcha, eso es lo hermoso, es creativo.

P.: El gobierno alemán está insistiendo en un apoyo más contundente y más abierto de la Unión Europea a la oposición venezolana. ¿Hay intereses puntuales en esta posición?

M.G.: Claro, para el imperialismo europeo es muy mal ejemplo un gobierno que nacionaliza o expropia, o un país donde hay control obrero en grandes fábricas. España, Francia y Portugal tienen muchos capitales en Venezuela. La burguesía española es una madriguera enemiga de los avances de América Latina, sea la avanzada "revolución bolivariana" o el tímido 51% de YPF en Argentina. Para ellos todos somos chinos.

P.: ¿Cómo juegan los medios alternativos comunitarios en estas instancias pre-electorales?

M.G.: Los medios comunitarios en Venezuela tienen un rol central en la vida política. Son protagonistas de la vida social. Hay un medio de masas como Aporrea, pero hay muchos otros con influencia local. El gobierno les debe respeto. Los quiere controlar, estatizar, pero no puede con todos, porque son muchos y porque muchos son muy radicales. Conviven con los medios públicos contra la derecha burguesa, pero se diferencian de los públicos en otras áreas.

En este proceso electoral de 2012 los comunitarios resultan vitales, en algunas zonas más que los estatales, debido a su grado de enraizamiento local. Es un fenómeno venezolano de tipo revolucionario, un aporte para América Latina.







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