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GLOBALIZACIÓN: INTRANQUILIDAD, INSEGURIDAD, INESTABILIDAD...

Federico García Morales

Intranquilidad, inseguridad, inestabilidad... ¿cómo llamar esto que viene a reemplazar a los valores anestesiantes, modernizadores y confortables del discurso globalizador de hace algún tiempo?

Poco a poco se descarga sobre todo el mundo el sentimiento de que se ha llegado a un momento en donde el futuro niega promesas, donde nada está seguro y que la afamada continuación de un presente de ofertas de crecimiento y paz se ha derrumbado. ¿cómo definir ese sentimiento más claramente? Si se observan los procesos objetivos, ya no están aquí como guardianes silenciosos, los conocidos sistemas instituidos que ofrecían a quienes disfrutaban de la reciente expansión capitalista alguna regularidad confiable .

Los mercados se ven encogidos, en nada disponibles como fuerzas distribuidoras de oportunidades, sobre todo el mercado de trabajo. Por el otro lado, el sistema de los estados...Tanto tiempo se venia cacareando el debilitamiento del estado frente a las fuerzas sordas de la globalización. Y parece que algo de eso ha ocurrido junto con la muerte de la globalización. Una crisis muy profunda sacude todas esas estructuras. Los estados no parecen ya funcionar para otros fines que no sean destructivos—lejos está la idea, y hoy es imposible de replantearla, de que están allí "para defender el bien común"... En Argentina, el estado no defiende el bien común, bien al contrario. Se hunde intentando mantener la apertura de los mercados reventados. En Afganistán, el "estado", es la pesadilla de las ambiciones y las ingerencias extrañas, bien lejos también del "bien comùn".. El proyecto unilateralista del estado norteamericano, elimina toda idea de convivencia internacional, y funciona desmadejadamente fuera de la ley. Se ponen en primera fila desesperados intentos de reacomodo, pero esos intentos se parecen demasiado a llamados a una guerra de todos contra todos. En Palestina, Israel instrumentaliza la fatídica experiencia de Auschwitz, destazando y marcando palestinos. Sobre América Latina, comienza de nuevo a ensayarse el modelo dictatorial, como ya quedó demostrado en el afortunadamente fallido intento de Venezuela. En Europa se anotan los ascensos electorales escandalosos de la derecha racista. Y con todo esto, el sentimiento de inseguridad crece: no se puede confiar en absoluto siquiera en la cordura de lo que se está intentando. Quizás por eso hay notas insanas en los discursos y en las acciones del grupo que controla al estado más poderoso.

El espectáculo no deja lugar a dudas, no permite abrigar el menor sentimiento de que algo esté marchando "bien". Hay demasiados procesos enfilados hacia la destrucción, con fuerza maníaca y fines nihilistas. Hay demasiadas contradicciones estallando y que no encuentran una solución progresiva, o al menos, y esto forma parte de la tragedia que se está escribiendo, esa solución no se la ve o no parece estar trabajando debajo de los hechos que nos toca presenciar. Es decir, estamos enfrentados a contradicciones que juegan una dialéctica "extraña"—alienada. Pareciera que estamos corriendo el riesgo de haber llegado a uno de esos momentos temidos por Marx y Engels cuando señalaban en El Manifiesto Comunista :

Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna. (vease: http://www.internet.com.uy/rfernand/manifiesto/manifiesto.html

"O el hundimiento"...

A mediados de febrero pasado ya se ha escuchado a Mr Greenspan asegurar que los EEUU "ya tocó fondo" en su recesión y que "es de creer" que hay claros indicios de una recuperación muy firme "en futuros trimestres"—es decir, el jefe de la Reserva, nos dice que ve lo que todavía no existe, porque en estos mismos dìas, sólo en los EEUU la Ford despidió a 30 mil trabajadores, quebró K-mart y explotó el escándalo Enron. Pero también en estos mismos días Bush pronunció su discurso sobre "el eje del terror", en donde si había algo que interesara a la economía era sólo la majadera insistencia en el presupuesto militar. ¿Para qué tantos gastos en defensa, si ya la economía tocaba fondo, si ya los millones de consumidores estaban ansiosos de volver a la carga? Y todavía después vino el "estímulo " de la ofensiva de Sharon.

En estos meses en todos los países se registra la desazón de estar en recesión o entrando en recesión. Hasta se hablaba de la llegada de un período depresivo prolongado. Sin embargo, por una razón fundada en la simpleza, se ha supuesto que todos volverán a circular por amplias y veloces avenidas de crecimiento económico "una vez que los EEUU inicie su proceso de ascenso". Quizás se olvida que EEUU fue el último en caer , y que el debilitamiento económico ya rondaba en el mundo en la época del boom clintoniano. El primer traspié de Japón fue en 1990, la crisis mexicana en 1994, y en 1997 comenzó el declive asiático. Argentina lleva ya tres años con números negros. En 1995 ocurrieron allí grandes levantamientos sociales, como producto de graves desajustes. Si Mr Greenspan tiene razón, y en vez de –0.2, la economía norteamericana muestra en el tercer trimestre de este año un +0.2, las cosas no tienen por qué estar más inclinadas hacia un auge global. Con esas cifras, simplemente la economía capitalista está siguiendo un lento declive. Pero hay más que escarbar en esto.

Quienes anuncian la rápida salida de la crisis, de antesala, nunca antes pensaron sus análisis y pronósticos en términos de la existencia de una crisis, quizás de ciclos cortos, nunca en términos del ciclo largo. Su ideología excluía la posibilidad de que tal cosa, como una nueva Depresión pudiera estarse presentando. Nunca tampoco percibieron la "recesión"—para no hablar de crisis—como un problema vinculado a desordenes en las tasas de ganancias: no vinculaban los procesos económicos con alguna percepción sobre la valoración del capital. Eso quedaba "para marxistas de los años treinta" Aquí el capital se miraba al espejo para encontrar su valoración: no tenía nada que ver con el trabajo vivo.

Y venía todavía a darse otro puntal: el enlistado de regiones y países de mayor o menor fuerza de crecimiento, según índices de crecimiento basados en una producción bruta y en una división per cápita que era insensible a indagaciones sobre su distribución.

De este modo, EEUU podía aparentar una fuerza mayor, y aparentar ser el buey que arrastrara la historia—sin que se distinguiera las contradicciones económicas, tecnológicas y sociales que abrigara. Así, uno de los países con peor distribución, con mayor analfabetismo, fuerte paro laboral, pero con una enorme industria de armamentos, podía imaginarse como la vanguardia del siglo XXI. Hace pocos días, un senador norteamericano, con la retórica "a lo bestia" que allí se estila decía: "Tengo una buena y una mala noticia. La buena, que somos la única superpotencia del mundo, y la mala, que somos la única superpotencia del mundo". Y en realidad ahí, en ese planteamiento de matón de barrio, queda encallada toda esa filosofía del crecimiento.

Pero es verdad, de esa globalización que fue, quedó el poder transnacional centrado en los EEUU, y lamiendo sus heridas alli. Y ahí viene el riesgo: para reponer ese crecimiento corporativo—que es lo único que interesa a la política norteamericana, y que puede agudizar las tendencias depresivas en el resto del mundo. Seguramente va a llevar una guerra de exterminio en Colombia, "porque tenemos 300 puntos de importancia estratégica en ese país". Y otro tanto hará en el Medio Oriente o en el extremo Oriente, donde persigue los laureles petroleros para futuras hegemonías imperiales. Al precio de una gigantesca destrucción que afecta ya profundamente a esas regiones. El ufano crecimiento económico de China, está hoy siendo rodeado por el circulo agresivo tendido por los EEUU. Que tiene como consecuencia, llevar la depresión hacia allá.

Es muy conveniente para la salud de las ciencias sociales y económicas, revisar los índices, y qué índices, que permiten explicar las características centrales de los procesos que estamos viviendo.

Por ejemplo,en el Boletín de la ONU de octubre del 2001, se leia:

. En el Sur y en el Este de Asia, las proyecciones del crecimiento del PIB para el 2001 han disminuido del 4.1 % al 1.7 %. El crecimiento del PIB en África ha sido revisado y descenderá del 4.3 % al 3.0 %. Por otra parte, se estima una disminución en el crecimiento del PIB en América Latina del 3.1 % al 0.8 %.Entre los países desarrollados, Canadá sentirá el más grande impacto ante el debilitamiento significativo de la economía de Estados Unidos. No obstante, se considera que el desempeño de Japón sea el más débil, pues su PIB tendrá una probable disminución de más del 0.5 % en el 2001.

Por su parte, en su Informe de la situación mundial en el último año, el propio FMI vaticinaba la continuación de una situación muy débil en la economía mundial, al menos por un par de años, y en sus estadísticas mostraba la fuerte caìda de los mercados mundiales desde el 2000 en adelante. Con gruesas fallas en Japón y EEUU y en los "países en desarrollo":

Por su parte el SELA, señala que el "crecimiento" del 0.2 % en el último trimestre del 2001 en los EEUU, no podrá tener ningún impacto positivo sobre las economías Latinoamericanas. En pleno 2002 se siguen cerrando las maquilas mexicanas. En Chile, el crecimiento se encoge al 2.8, y en Argentina al –4.

Polonia espera para el año 2002, si todo va bien, un crecimiento del 1.2%. ...

Para explicarnos mejor: con una concepción económica centrada en lo que llegue a ocurrir en los EEUU o en el interés de las grandes empresas es dudoso que algún país pueda proponerse la construcción de bases de despegue. Si hoy, por ejemplo, el gobierno de la Argentina se decide a poner en práctica las recomendaciones del FMI o del Tesoro norteamericano—y es lo único que se le ocurre a Duhalde--, está apostando por una economía y una sociedad imposibles. Ya no se puede apostar en términos de un "crecimiento" en donde los ingresos se cuentan a partir de las ganancias del gran capital que está esquilmando a esa República. Dicen que ese país tenía un per per de 7000 dls, y que ahora es de menos de 4000 dls. ¿Qué se cuenta allí? Pues los ingresos de los bancos españoles, de REPSOL (ex YPF), también española, de Iberia (ex Aerolíneas Argentinas), y de ese otro 40% de la economía argentina en manos de corporaciones norteamericanas, canadienses o chilenas. ¿Dónde está el per cápita del pueblo argentino? Se supone que alguna porción se lo llevan los legisladores y los miembros del gobierno, el resto, en "el corralito".

Si uno piensa en el ingreso "per capita" habrá que pensar también en ese gordo per capita que absorbe solamente el pago de intereses de la deuda externa—que se estuvo pagando heroicamente hasta en el efímero gobierno de Rodríguez Saa.

Para quienes buscan alguna alternativa, es pues conveniente cambiar los conceptos centrales que manejan la política económica y la propia teoría económica. Es conveniente poner al lado de "la renta percibida y absorbida por las corporaciones", una "renta perdida" (RP), que se le va de las manos a los pueblos, una RP ( suena como requiscat in pace, ¿verdad?) una renta que se va, o que también es pura negación de oportunidades, negación ella misma, que va transformando a los pueblos en escombros.

La dialéctica de la RP podría explicar muchos aspectos de la actual crisis, ya que encabalga la gigantesca destrucción de fuerza productiva que estamos presenciando, y que está sólo en sus comienzos.

Decimos "dialéctica", ya que la RP fue una sombra que apoyó la fuerte última fase del crecimiento capitalista. La renta perdida, tuvo su propio crecimiento: en la forma de una baja mundial y estruendosa del ingreso laboral, que permitió la vertiginosa inflación corporativa, pero que tuvo como fuerte consecuencia la llegada de un momento marcado por la propia destrucción del trabajo y el crecimiento del paro forzoso. Es cierto, ahí también la RP reactuó, y tomó la forma de los grandes ejércitos de reserva que permitieron estrechar aún más el cerco sobre los salarios.

Nunca se dijo, pero en América Latina, dictaduras militares y "democracias de transición eterna" hicieron de la RP la base de su gestión, construyendo países endeudados y tributarios a través de la deuda corporativa y oficial. Durante los últimos treinta años América Latina ve crecer vertiginosamente su RP. Hasta que ésta, como negatividad pura presenta en toda su desvergüenza el abuso y el crimen que sustentan a un sistema capitalista en profunda crisis. La RP ya no los puede sustentar. La extensión de la RP es un absurdo destructivo e irracional. En Argentina. sobre la RP, eje de la acción de un gobierno corrupto, vendepatria e ineficaz, ni siquiera se puede construir una economía de la edad de Piedra.

Ese es uno de los problemas de nuestro tiempo. Miremos la historia pues, desde ese lado. No basta decir que el 60% de la población de México vive en la pobreza. No basta decir que la pobreza y el hambre matan niños. Veamos su articulación en el sistema, su contribución a la crisis que estamos viviendo. Y si, entonces, "el seguro ascenso de los EEUU en el tercer trimestre", nos lleva a alguna parte.

La inquietud que rodea a la celebrada economía globalizante se expone en lo que hoy empieza a cobrar importancia en los titulares de la prensa y en las agendas de las reuniones internacionales: se acaba, por ejemplo de clausurar una reunión convocada por la ONU en donde trataron de relacionar los mandatarios asistentes el financiamiento con el desarrollo y la pobreza. No fue extraño que el único discurso realista lo pronunciara Fidel Castro (ver

http://rcci.net/globalizacion/2002/fg226.htm

Hasta en estas reuniones ya se ve que no resulta rentable siquiera seguir redefiniendo la globalización y exponiendo sus bondades—hay que responder a la insatisfacción de miles de millones de gentes que ya no creen en el sistema.

Aunque todavía alguna retaguardia académica continúa adorando la "globalidad" exitosa y muchos gobiernos lacayos confunden sujeción colonial con el afán de globalizarse, ya se observa una creciente preocupación frente a "las Zonas grises", las polaridades escandalosas, la destrucción de los servicios sociales, el crecimiento de la marginalidad y las dudas frente a la "modernización" y la "homogenización". En cada país se puede marcar hasta dónde llegó el impulso corporativo negociante y globalizante, y qué pasa con el resto. Ahora hasta aparecen "indices " de globalización, donde se puede observar como se disgrega esta categoría en ilusión.

La inquietud rampante, se funda en la observación de situaciones que escapan a todo control, que no se encaminan de modo positivo a la solución de los grandes problemas de la humanidad. Pero en esto también tiene una fuerte incidencia una teoría cuyos mandos ya no responden. Una teoría que se forjó desde sus orígenes para elaborar fórmulas justificatorias de la diferencia social y que examinaba las rentas, exhortaba al crecimiento de las ganancias y que despreció al trabajador viviente. ¡Miren nada más cual es la preocupación de los legisladores latinoamericanos!... Pues manejar las reformas laborales para terminar con la jornada de 8 horas, el derecho a la sindicalización y a la huelga. Quieren que algunos trabajen más para que otros trabajen menos, y así, democrática y flexiblemente todos lleguemos a conocer la plenitud del horror económico.

La inseguridad ha crecido en la medida en que "la globalización" sólo ha servido de peldaño para este intento en marcha de ir a la construcción de un imperio militar al servicio de las corporaciones transnacionales, desajustando todas las estructuras internacionales que podían limitar el surgimiento de situaciones catastróficas. El mundo debe entender y hacer entender que la seguridad no consiste en la creación de "Comandos" de orden al servicio de lo que puede ser inicuo y esclavizante. Que la paz no puede ser asegurada mediante la amenaza, el sometimiento de economías y culturas, y la brutalización al extremo de la presencia hegemónica. Eso induce a movimientos de liberación, pero, entretanto, la inquietud. El terror al que tanto se alude en estos días, proviene de las entrañas de un sistema capitalista enfermo.

La inestabilidad permea por hoy a las sociedades, afectadas por la polarización y los dispositivos agresivos, a las economías reventadas por una crisis muy grande, y al manejo político que comienza a desdeñar los esquemas de la democracia, a favor de modelos más expeditos de servicio a la implantación corporativa. En este sentido, las políticas de Bush y de su entorno, están amparando radicalismos ultra derechistas que tendrán consecuencias. No es asombroso que en el golpe de Venezuela, la primera medida del presidente provisional seleccionado por Washington haya sido liquidar las leyes sociales, acabar con la Constitución y disolver Congreso y Tribunales. Carmona no pudo seguir, porque millones de gentes se lo impidieron. Y eso deja una enseñanza para estos tiempos.

Es preciso continuar esta reflexión sobre la intranquilidad, la inseguridad, la inestabilidad,etc. A mucha gente le empieza a sorprender-a veces de un modo macabro- las bruscas transiciones. Que no son tampoco revolucionarias, que tienen más de "hundimiento".

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