Globalización: Revista Mensual de Economía, Sociedad y Cultura


Febrero de 2026

ESTADOS UNIDOS.- Trump: un año golpeando y agudizando el conflicto Inter imperialista
José René Tamariz. El SOCA



El fracaso de la política imperialista de Donald Trump para contener y derrotar al emergente imperialismo de China mediante la guerra comercial o el aumento de los aranceles, fue el producto de que China se le plantó y respondió de forma reciproca con iguales aranceles y otras medidas como la restricción de la venta de los elementos tierras raras y otros elementos críticos para la industria tecnológica y militar de los Estados Unidos. La realidad es que China es demasiada grande y poderosa para poder contenerla en el terreno económico, batalla que le ha ganado a los Estados Unidos en ese terreno, superándolos en diversos terrenos.

Gaza: ¿Hacia una Colonia?

Recientemente, Donald Trump nombró a los miembros que van a integrar la denominada “Junta de la Paz” o “Comité Nacional para la Administración de Gaza” en la franja de Gaza, Palestina. Dicha junta será dirigida por el mismo presidente Donald Trump e integrada por funcionarios nombrados por él mismo, tales como: Tony Blair (ex primer ministro de Reino Unido), Steve Witkoff (enviado especial de Trump para Oriente Próximo), Jared Kushner (yerno de Trump), Marco Rubio (secretario de Estado de los EE.UU.), Marc Rowan (financiero, amigo de Trump), Ajay Banga (presidente del Banco Mundial), Robert Gabriel (asesor de seguridad nacional de EE.UU.) y Alí Shaath (tecnócrata). La imposición de esa junta o comité para “administrar” Gaza es el resultado de la derrota militar del grupo Hamas que controló esa franja desde el año 2007, así como del genocidio generalizado de la población gazatí por parte del Estado de Israel. Como se puede observar todos esos personajes que “administraran” Gaza son elementos imperialistas, no existiendo en dicha junta o comité ningún palestino.

Sin duda alguna, una vez que se instale y comience a funcionar esa junta o comité administrador de la franja de Gaza, integrado por personajes extraños e imperialistas, ese pequeño territorio pasará a convertirse en una nueva colonia de Estados Unidos en pleno siglo XXI. Esa imposición de una nueva colonia en Gaza a manos del imperialismo estadounidense se convertirá en un ensayo puntual de lo que podría ser una política más general de las pretensiones imperiales de Donald Trump en el futuro próximo. La explotación de la mano de obra y de ese territorio a manos de los Estados Unidos será terrible, ya que dicha administración colonial no será gratuita ni generosa, todo lo contrario, va a ser más brutal y denigrante.

No obstante, la instalación, funcionamiento y desarrollo de la administración colonial de Gaza en Oriente Próximo, tendrá inicialmente una resistencia por parte de la población autóctona y, posteriormente, por parte del mundo árabe. En los próximos meses o años, dependiendo de cuanto dure esa administración colonial veremos que, lejos de pacificar y estabilizar ese territorio, el imperialismo mundial creará una situación explosiva en esa zona del mundo con repercusión en otras partes. Es muy probable que se produzcan movimientos de resistencia anticoloniales como se produjeron en el pasado contra la ocupación colonial de los viejos imperios coloniales.

Venezuela: ¿Un Protectorado Sui Géneris?

Por otra parte, como el imperialismo estadounidense no ha podido contener y derrotar a China en el terreno económico, ahora intenta golpear de costado al gigante asiático por la vía armada, haciendo ataques militares y dando golpes armados a países y gobiernos aliados de China. Por ejemplo, tal fue el caso de los ataques militares y la extracción quirúrgica de Nicolas Maduro en Venezuela. El objetivo de ese operativo militar era sacar a China del control que, mediante la compra-venta, tenía de los grandes recursos del petróleo venezolano, así como de otras inversiones y préstamos.

Ahora, bajo la presión militar y el poderoso bloqueo naval, Venezuela funciona como un protectorado de facto, sui géneris, de los Estados Unidos. Es más, Donald Trump ha declarado de forma despampanante que “está a cargo” de Venezuela. Hasta ha sostenido que es “presidente interino” de ese país. Además del control de la venta del petróleo venezolano, los Estados Unidos le han impuesto al gobierno títere de Delcy Rodríguez y el chavismo la compra de solo productos fabricados en los Estados Unidos. Aquí opera un mecanismo económico de doble explotación de Venezuela: apropiación de los recursos naturales y una gran parte de la renta petrolera, así como la obligada compra-venta de los productos fabricados en Estados Unidos, mediante la aplicación del intercambio desigual de productos.

En Venezuela, funcionando como protectorado de los Estados Unidos, a través del actual gobierno, encabezado por Delcy Rodríguez y la explotación y expoliación por parte de los Estados Unidos, más temprano que tarde, provocará un proceso de resistencia del movimiento de los trabajadores y demás sectores populares por esa doble explotación impuesta por el imperialismo estadounidense que se va a quedar con la mayor parte del león.

Otras Amenazas Militares Colonialistas

Hay amenazas por parte de Donald Trump a México y su gobierno de realizar acciones militares en territorio mexicano contra los carteles de las drogas en ese país, bajo el pretexto y acusaciones falaces de que ese país es controlado por el narcotráfico. Sin duda, esas acciones estarían destinadas, bajo presiones militares, a imponerle al gobierno mexicano condiciones económicas y la eventual disminución de negocios con China.

En esa dirección, recientemente la Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos emitió el 16 de enero avisos de vuelo para pilotos “… en los que se advierte de las dificultades de volar sobre varios países de Centro y Suramérica, México y el “espacio aéreo del Pacífico Occidental”, debido a la actividad militar en curso y a la interferencia del Sistema Global de Navegación por Satélite (GNSS)”. (actualidad.rt.com. 16 enero 2026). Dicha medida estará en vigor durante dos meses. Lo más probable es que haya operativos militares contra diferentes objetivos en diferentes países en Centroamérica, Suramérica, México o Cuba para avanzar en su control político de sumisión a los dictados de los Estados Unidos.

De otro lado, el desentierro de la denominada “doctrina Monroe” y su extensión con el llamado “corolario Trump” y su aplicación, convertida en realidad en Venezuela, pretende imponer la sumisión y el control de América Latina a manos del imperialismo estadounidense. Sin embargo, esas pretensiones presentan serios problemas y desafíos. Por ejemplo, es imposible someter a Brasil que es una potencia regional que mantiene una independencia política de los Estados Unidos y representa el 37% del PIB regional.

Aunque el gobierno mexicano encabezado por Claudia Sheinbaum mantiene una política de conciliación, colaboración y de ninguna resistencia a los Estados Unidos, mantiene una tibia defensa de la soberanía nacional de México. Es cierto que criticó las acciones militares en Venezuela, pero, hasta ahí nomas. Esa política es porque “México… está atado a Estados Unidos en su principal fortaleza: manufacturas integradas en cadenas regionales. Diversas mediciones ubican el envío de exportaciones no petroleras al mercado estadounidense alrededor de cuatro quintas partes del total. Y no son commodities intercambiables: son autopartes, vehículos, maquinaria, electrónicos, dispositivos médicos, eslabones de producción que cruzan la frontera varias veces antes de convertirse en producto final. Ahí está el problema: la misma integración que ha sido el “blindaje” de México, también limita su libertad para ensayar movimientos que irriten a Trump”. (Quintana, Enrique: Las lecciones de Canadá a México. 17 de enero de 2026. El Financiero). México es, por tanto, una economía integrada a la economía de los Estados Unidos, de ahí su gran debilidad frente al imperio estadounidense.

La Disputa Mundial por el Ártico: ¿Será Groenlandia Colonia Estadounidense?

Donald Trump ha declarado, una y otra vez, que quiere adquirir el control directo, ya sea por las buenas o las malas -cesión voluntaria, compra o vía militar- de la isla de Groenlandia, ya que la considera un “activo estratégico” y de “seguridad nacional” de su imperio. Como se sabe esta isla es la más grande del mundo y tiene autonomía dentro de Dinamarca, país que es parte de la Unión Europea (UE) y de la OTAN. Es una isla rica en recursos naturales (oro, zinc, plomo, litio, oro, diamantes, cobre, cobalto, níquel, uranio, tierras raras, petróleo, gas natural y energía hidroeléctrica). En realidad, la cuestión de Groenlandia tiene como fondo la lucha y competencia por el Ártico, región alrededor del polo norte, que incluye parte de diversos países: Rusia, Estados Unidos (Alaska), Canadá, Dinamarca (Groenlandia), Islandia, Suecia, Noruega, Finlandia, islas Svalbard y el océano Ártico. Existen varias disputas territoriales en esa zona y por el océano Ártico. El deshielo de esa región, la han convertido en rutas marítimas navegables durante todo el año y, por ende, en una zona, cada vez, más importante y estratégicas para el comercio.

Por ejemplo, en el año 2001, Rusia realizó reclamos por la mitad del océano Ártico. Asimismo “En 2015, Moscú presentó a la ONU un documento para extender su plataforma continental. En la reivindicación se incluyen las crestas de Mendeléyev y Lomonósov. Gracias a datos de expedición de 2007 Moscú argumenta que ambas dorsales oceánicas, así como el Polo Norte, forman parte del continente euroasiático. En julio de 2011 la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar empezó a estudiar la petición de Moscú”. (Ártico: Wikepedia). A su vez, también Dinamarca reclama la dorsal de Lomonósov, planteando que es parte ligada a Groenlandia. Canadá también tiene sus ambiciones en la zona. Rusia tiene en el Ártico muchas bases militares, sistemas de defensas aéreas, submarinos nucleares y poderosos buques rompehielos. Además, el Ártico es uno de los principales proveedores de gas natural de Rusia.

La competencia por el control del Ártico es una cuestión clave y estratégica del nuevo orden mundial que se encuentra en pleno desarrollo en el siglo XXI y, por ende, el asunto de quien controla directamente la isla de Groenlandia es estratégico y decisiva para el dominio de esa gran región. De ahí que, probablemente, el imperialismo estadounidense, encabezado por Donald Trump, no va a ceder y, eventualmente, podría terminar tomándose por la fuerza esa isla. Ahí entra en juego el denominado “corolario Trump” que plantea dos objetivos para el hemisferio occidental que es la de “reclutar y expandir” y, en este caso, sería “expandirse” hasta Groenlandia para poder avanzar en el dominio del Ártico, dada la competencia que existe entre la tres grandes potencias mundiales: Rusia, China y los Estados Unidos.

Al respecto de la competencia por esa gran zona se plantea que “El conflicto por el Ártico no es solo por territorio, sino por el orden mundial del siglo XXI. Si Rusia logra imponer su control sobre las rutas comerciales y China consolida su acceso a los recursos minerales de Groenlandia, la hegemonía estadounidense en el Atlántico Norte se verá seriamente comprometida” (Perfil. 17 de enero de 2026). Aunque China no es un país limítrofe y se encuentra a miles de kilómetros del círculo polar se autodenominó en su Libro Blanco del año 2018 como un “estado cercano al Ártico”, convirtiendo esa región como parte su ruta de la seda polar. Por su parte China “A través de inversiones en puertos, estaciones científicas y rompehielos (incluyendo su primer rompehielos nuclear de 30 mil toneladas), China ganó influencia sobre países como Islandia y, de forma más sutil, en Groenlandia”. (Ídem).

Con la política y pretensiones de Trump de anexarse Groenlandia, la lucha inter imperialista por el Ártico se está intensificando y convirtiéndose en una región de próximos enfrentamientos entre las potencias mundiales: Rusia, China y Estados Unidos.

Recientemente, Donald Trump ha planteado que impondrá aranceles del 10% a ocho países de Europa (Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia) a partir del primero de febrero que aumentarán hasta el 25% el primero de junio para obligar a naciones imperialistas a aceptar su plan de adueñarse de Groenlandia. Trump, sabe muy bien de la debilidad, crisis económica y decadencia total en que se encuentran esos países europeos, así como su dependencia en asuntos económicos y militares respecto a los Estados Unidos.

En su Estrategia de Seguridad Nacional, los Estados Unidos plantean que “Europa continental ha ido perdiendo cuota del PIB mundial -del 25% en 1990 al 14% en la actualidad- debido, en parte, a las regulaciones nacionales y transnacionales que socavan la creatividad y la laboriosidad”. (Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América. Noviembre de 2025). Más adelante, sostienen “Pero este declive económico se ve eclipsado por la perspectiva real y más cruda de la desaparición de la civilización…”. Y rematan señalando que “…Por lo tanto, no es nada obvio que ciertos países europeos vayan a tener economías y ejércitos lo suficientemente fuertes como para seguir siendo aliados fiables…”.

De esa caracterización de Europa, el imperialismo estadounidense desprende que los países imperialistas europeos tienen la capacidad para controlar y dominar el Ártico, frente al poderío económico, naval y militar de Rusia y China, actuando de forma mancomunada. De ahí de hacerse de Groenlandia de cualquier forma. Está claro, el imperialismo se quiere quedar con todos los recursos naturales en Groenlandia y, de paso, del Ártico para lograr mantener su hegemonía mundial y contener su decadencia. Sin embargo, el objetivo final del imperialismo estadounidense es disolver o desmembrar la Unión Europea y negociar, por separado, con cada uno de los países para poder someterlos de forma dividida. Así lo han planteado diversos funcionarios de la administración Trump y Elon Musk.

Por su parte, los países europeos han realizado una defensa tibia y temerosa de Groenlandia frente a las pretensiones colonialista de Trump, enviando algunos refuerzos de efectivos militares a la isla y dando declaraciones ambiguas. Al respecto, Kaja Kallas, representante de la UE para asuntos exteriores y seguridad sostuvo que “No tenemos ningún interés en buscar pelea, pero nos mantendremos firmes. Europa dispone de una serie de herramientas para proteger sus intereses”. (lapatilla, 19 de enero de 2026). Y más adelante, agregó “Pero las amenazas arancelarias no son la forma de abordar esta cuestión. La soberanía no es negociable”. (Ídem). Como se puede observar, con base a lo planteado anteriormente, los países europeos pasaron de una posición de ser los viejos colonialistas a ser las nuevas naciones sometidas a la humillación y colonialismo depredador del imperialismo estadounidense.

La Lucha entre Potencias se Profundiza

Es importante destacar que el ascenso y actual poderío económico de China ha representado la perdida de los Estados Unidos de una gran parte de la plusvalía mundial que -antes estuvo en manos de Estados Unidos, Europa y otros imperialismos- ha sido transferida en forma de capital hacia el imperio chino. Por ejemplo, en Latinoamérica “En apenas dos décadas, China paso de ser un actor marginal a convertirse en uno de los socios económicos más influyentes de América Latina. Es el segundo socio comercial más importante, después de Estados Unidos. Pero en Sudamérica, que incluye Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam Uruguay y Venezuela, China desempeña un papel económico aún más importante, siendo el principal socio comercial de la región”. (Expansión,16 de enero de 2026).

Más adelante esa revista digital señala que “El intercambio comercial entre China y América Latina se multiplicó de forma acelerada. Entre 2000 y 2020 creció 26 veces, al pasar de 12,000 millones a 315,000 millones de dólares. Para 2024, el comercio total alcanzó 518,000 millones de dólares y las proyecciones apuntan a que podría superar los 700,000 millones hacia 2035”. (Ídem).

En el caso del continente africano, en realidad, desde hace muchos años, China, es el principal país que mantiene masivas inversiones en todas las áreas en diversos países de África. China es el principal socio comercial de esas naciones, teniendo un intercambio comercial anual de 288.000 millones de dólares (dato de 2023). Prácticamente, China se quedado con ese continente y, por ende, de la explotación de sus grandes recursos naturales.

En relación a la región del Indo-Pacífico la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos plantea que “El Indo-Pacífico ya es la fuente de casi la mitad del PIB mundial según la paridad del poder adquisitivo (PPA) y de un tercio según el PIB mundial nominal. Es seguro que esa proporción crecerá a lo largo del siglo XXI. Esto significa que el Indo-Pacífico ya es y seguirá siendo uno de los principales campos de batalla económicos y geopolíticos del próximo siglo. Para prosperar en nuestro país, debemos competir con éxito allí, y lo estamos haciendo…”. (Ídem). Como se puede leer, el imperialismo estadounidense lo tiene claro, las próximas grandes batallas en el curso del siglo XXI y, quizá, el siglo XXII, se librarán en esa geoestratégica región del mundo.

Por otra parte, China utiliza en todas las regiones en donde opera, diversos mecanismos de explotación y expoliación de los países, tales como el intercambio desigual, la exportación de capitales mediante préstamos o deudas, inversiones y la creación de empresas mixtas. Las ganancias extraordinarias, extraídas por China a los países, ya sean en América Latina y otras regiones del mundo, se realizan bajo las formas de todos los mecanismos anteriormente señalados.

De otro lado, China, aspira al celebrar el siglo de su revolución en el año 2049 a tener un súper ejército con capacidad de realizar guerras y ganarlas, así lo han planteado sus gobernantes y jefes militares. Mientras tanto, avanza en su desarrollo económico y aumentando su influencia en diversos países y continentes. Sabe que una economía floreciente es la base para desarrollarse militarmente, sostener y ganar guerras en el curso del siglo. Por ahora, la gran fortaleza de China es en el terreno económico, aunque avanza a pasos raudo en su poderío militar para futuros enfrentamientos armados.

Por su parte, los Estados Unidos, si bien es cierto que son el imperialismo dominante, sin embargo, tienen una base económica decadente, no floreciente, con doble problemas gemelos: una billonaria deuda pública y un alto déficit fiscal. Por tanto, los Estados Unidos transita, como toda potencia mundial, su momento de “relativa decadencia” y “hegemonía en decadencia”. La administración de Donald Trump, con su Estrategia de Seguridad Nacional, pretende detener ese curso inevitable de la historia de los grandes imperios, sin embargo, China, le ha venido ganando la batalla económica y de la guerra aún no lo sabemos. Rusia, aspira a un gran lugar en ese escenario mundial y utiliza la guerra contra Ucrania como un experimento moderno, con el uso de armas modernas y tecnologías avanzadas aplicada en el campo real de guerra, como ejercicio para futuro. Está por verse lo que pasará. El curso del siglo XXI será de próximos grandes enfrentamientos entre grandes potencias mundiales, en donde habrá realineamientos entre países, períodos de pausa, negociaciones y acuerdos, distensión, guerras comerciales y enfrentamientos militares.

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