CRÍTICA DE CINE

IMPACTO PROFUNDO Y ARMAGEDON:

APOCALIPSIS VIRTUALES Y DEMANDAS SALARIALES

Federico García Morales

Es cosa conocida que las literaturas apocalípticas vienen a ser el resultado de una iluminación nada de celeste: es que simplemente los tiempos predisponen a escribir "el año de la Bestia ha llegado". Le ocurrió a Juan en Patmos, en una época desgraciada para la diáspora judía y hasta para el propio Imperio romano. Y ahora, cuando el boom se acaba, y nos acecha el Apocalipsis bien real de una economía devastada, se nos dejan caer desde la pantalla grande varias creaciones donde se nos viene a decir que la naturaleza está cargada de rabia con nosotros, y que un fenómeno de escala inmensa, con una fuerza arrolladora vendrá a aplastarnos. Primero fue "Tornado", después "El Pico de Dante", luego "Impacto Profundo" y recientemente "Armagedón". Dejemos a un lado el ciclón, y los volcanes que son un finteo solamente del poder de las fuerzas naturales: tocan a una región. En la época de la globalización, son mejor recibidas las desvastaciones globales.

Tanto "Impacto Profundo" como "Armagedón" tienen un argumento común: la Tierra va a recibir una visita: un aerolito o un cometa de grandes proporciones que puede repetir las consecuencias de aquél que exterminó a los dinosaurios. (Pronto la curiosidad nos lleva a los libros de astronomía, y vienen a recordarnos que hubo antes también otras visitas: una muy grande, que apenas nos rozó y que creó la Luna con los pedacitos que nos expropió y que también nos regaló ese movimiento oscilante que todavía crea las estaciones, y otro, quizás esta vez un cometa, que prácticamente extinguió las formas vivas que atesoraba un océano henchido de esperanzas biológicas). Frente a un hecho de esta magnitud, obviamente se estrechan las posibilidades "anecdóticas": Sólo queda la resignación, y en el caso actual, ya que contamos con algunas posibilidades técnicas a la escala del suceso, algún intento de defensa abierto a algún grado de heroísmo, es decir, de sacrificio. A eso podrán sumarse otras consideraciones, generalmente de tipo moral que vengan a ser capaces de describir algunos de los rasgos salientes de esta humanidad que habría que salvar, y con ello, impresionarnos. Esa humanidad, en estas películas está integrada casi exclusivamente por el buen pueblo norteamericano. Son ellos también los que tendrán en su mano el destino de salvarnos. (Y vayamos a saber en alguna película futurista, cómo nos salvaremos de ellos!).

La idea de que este planeta o la vida en el planeta pudieran extinguirse por un acontecimiento cósmico, ya no es tan ajena al público. Todos sabemos de la extraña compañía que tenemos: estrellas que se transforman en novas, y que liberan energías que nulifican cuanto encuentran a su paso, agujeros negros de una voracidad galáctica, nubes de polvo estelar, sutiles bombardeos de rayos de todas las letras del alfabeto griego, y más indefinibles lluvias de pedruscos de todos los tamaños, desde el porte de un alfiler al de un planeta. Es decir, para terminar con estas experiencias y sueños no necesitamos de Aliens ni de marcianos.

El cine trata ahora de conducir este asalto que nos viene desde lo desconocido tratando de traernos algo de información científica, y de reconstruir esos inmensos bólidos de un modo creíble. De todos modos, siempre después de la realización, han surgido voces astronómicas para ponernos en guardia frente a ciertas inexactitudes. Pero pueden considerarse esas pifias, como licencias literarias.

Ya planteado el problema, la cuestión viene a ser la sociedad que se les enfrenta. Y allí las películas se separan. Con la gente viene la cuestión dramática. Tanto en Impacto Profundo, como en Armagedón vamos a ver en qué condiciones los hombres se elevan de la tierra hasta la épica y celeste batalla final. Y puede decirse que aquí vamos a presenciar batallas donde en algún nivel funciona la política y el poder, y en otro nivel, que es el decisivo, la fuerza ética. (nada que ver con lo que pasa en las campañas electorales). Fuerzas éticas, que por tratarse de norteamericanos, se encuentran mediadas por la psicología "de familia".

Sin embargo, las substancias éticas son diferentes en una película y en otra. En Impacto Profundo, todavía opera hasta el mismo final una línea de mando-- y en consecuencia, las decisiones del poder. En Armagedon, se hace patente una fuerte diferencia entre el héroe y el poder, y al final todo queda librado a la fuerza moral.

En un caso, los héroes son todos militares, o astronautas si se quiere. En el segundo, se trata de obreros, (con algún capataz o pequeño empresario entremedio)

Y es curioso detenerse en este contrapunto… ¿ qué puede estar ocurriendo, para que el conflicto dramático, que en un caso, como en "Invasión", en "Impacto Profundo" todo el drama quedara canalizado en los avatares de periodistas más o menos oficiales, anecdotarios en los pasillos de la Casa Blanca, escenas en la ahora famosa (por otras escenas) Oval Office, y las gallardías militaristas, para que en Armagedon esos mismos espacios quedaran en la trastienda, y el eje de la acción fuera transferido hacia héroes cotidianos, y hacia el tipo de problemas, decires y deseos que los acompañan más corrientemente? ¿Es que los trabajadores tienen algo que decir justo antes "del fin de la historia"? ¿Es que son ellos capaces con su trabajo "productivo y subversivo" de impedir ese fin y hacer que la historia continúe ? ¿Y quién nos dijo la tontería que la historia había llegado a su fin, si estamos presenciando en estos mismos días este maravilloso desplazamiento crítico, critico de crisis ? No. Indudablemente, en este sentido, Armagedon es más interesante.

Pero en estas obras apocalípticas (eso significa Revelación) hay otras revelaciones. Llama la atención que "los que se sacrifican" sean los miembros de una generación más vieja. Por diversas razones del argumento. Pero este sacrificio puede llevar implícita una oferta hacia el consumo de masas: una satisfacción de "deber cumplido" a una generación vieja que no cumplió con su deber. Pues allí está el mundo que nos dejó. En Impacto Profundo puede recibir con orgullo el saludo de esa tripulación más joven que le dice: "Es un honor servir bajo sus ordenes" (lo que en la realidad no fue cierto). O en Armagedón, "Gracias papá". (Lo que a lo mejor, tampoco es cierto).

De todos modos, aunque estas películas disminuyen en mucho nuestro tamaño, no podemos dejar de pensar algo orgullosamente que somos unos "monos locos". Sentimos que los directores de "Impacto Profundo" tomaron muy en serio la unipolaridad, la centralidad de los Estados Unidos, de modo que el evento espacial, parecía especialmente indicado para afectar solamente a ese país y que por tanto, podía ser enfrentado sólo por norteamericanos. En Armagedon, algo siquiera se revisa de esto. Por lo menos vemos la destrucción de Shangai y de Paris, y nos encontramos con la muy útil intervención del astronauta ruso, de alguna manera también enlazado con su propia tragedia de aquí abajo. Pero también hay defectos, sobre todo para públicos periféricos. Cuando Bruce Willis hace el inventario de las demandas de su tripulación olvida precisamente una, y con las protestas del agraviado: esa petición de aumentos de salarios. ¿No es verdad que podría haber sido el mensaje más importante de esa película, sobre todo cuando estamos casi frente al fin del mundo?